No dejes que el diablo te presione

  Efesios 6:11:  "Vestios de toda la armadura de Dios, para que podais estar firmes contra las acechanzas del diablo".

 Dios ha provisto toda la autoridad y proteccion que necesitamos para detener todo y cada ataque demoniaco en el ambito espiritual. 

 

 Una de las primeras personas con las que tuve que tratar conflictos espirituales e influencias demoniacas fue una mujer de veintiséis años, "hippie" de los años sesenta; su nombre era Daisy. Ella era cristiana, graduada universitaria pero tenía severos problemas mentales y emocionales que se desarrollaron después que su padre se divorció de su madre. Al cabo de cinco años, Daisy había sido internada en tres ocasiones en un hospital psiquiátrico con el diagnóstico de esquizofrenia paranoide. Luego de tres semanas de consejería encontró, por fin, el valor para contarme de las "serpientes" de su vida.

 -¿Qué pasa con las serpientes? -le pregunté. "Bueno, mire, por la noche, cuando estoy acostada, reptan sobre mi cuerpo -confesó.  "¿Qué haces cuando llegan las serpientes?"  "Corro hacia mi mamá pero siempre vuelven cuando estoy sola".

"Te voy a decir lo que harás -proseguí-. Cuando te acuestes a la noche y lleguen las serpientes, dirás en voz alta: "En el nombre de Cristo les mando que me dejen". 

 

Daisy protestó: -No puedo hacer eso, no soy suficientemente madura ni fuerte.  "No es cosa de tu madurez, sino materia de tu posición en Cristo. Tienes tanto derecho a resistir a Satanás y hacer que se vaya como lo tengo yo -le contesté.

Daisy se retorció ante esa perspectiva: -Bueno, supongo que puedo hacerlo - suspirando y hablando como si hubiera aceptado beber aceite de castor. 

 

 A la semana siguiente cuando Daisy entró a mi oficina, dijo "¡se fueron las serpientes!  Poseemos tanto la autoridad como el poder para resistir a Satanás en nuestras vidas, debido a nuestra posición en Cristo. Más aún, contamos con la segura y  cierta protección de Dios mientras nos enfrentamos a los ataques del diablo. 

 

 Reflexion sobre el impacto de la última sesión en sus vidas durante la semana: 

 

 • En la sesión pasada examinamos seis malentendidos comunes respecto de la esclavitud ¿Se te han ocurrido otras ideas o preguntas al respecto? 

 

 • ¿Has reconocido durante la semana algunas evidencias de que la gente del mundo occidental tiende a minimizar o ignorar la realidad de la actividad espiritual en el mundo natural? ¿Ha cambiado tu concepción del mundo desde la última reunión? ¿Cómo?  

 

• ¿Te ha impactado la vida durante esta semana la perspectiva desde la Cruz? ¿En cuál forma?  

 

• ¿Cuáles aspectos de tu vida fueron los que elegiste para liberar, al cerrar la última sesión; en qué forma afectaron tu conducta estas opciones a contar de la última reunión? 

 

TOMA CONCIENCIA DE LA AUTO­RIDAD Y PODER

 Habiendo reuni­do a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. Lucas 9:1-2. 

 

“El derecho y la habilidad”.  Entendamos la diferencia entre el poder y la autoridad que Cristo nos confiere en el ámbito espiritual.  Jesús dio poder y autoridad a Sus discípulos sobre las fuerzas espirituales malignas. ¿Cuál es la diferencia entre poder y autoridad?  Autoridad es el derecho a gobernar, y poder es la habili­dad para mandar. La autoridad es materia de posición. El policía tiene la autoridad para detener a un automóvil lanzado a toda velocidad debido a su posición de autori­dad pero no tiene el poder para detenerlo. Poder es la habilidad para mandar. Un bloque de cemento de 20 metros cuadrados tiene el poder para detener al vehículo a toda velocidad, pero no tiene la autoridad. Jesús dio a Sus discípulos tanto el derecho como la habilidad para resistir a Satanás.  

 

Ningún gerente apto delegaría responsabilidad a sus subordinados sin delegarles también la autori­dad equipándolos con la habilidad de hacer el traba­jo. Jesús encargó a Sus discípulos la responsabili­dad de proclamar el reino de Dios. Si El no les hubiera dado también la autoridad y el poder en el mundo espiritual, los demonios se hubieran burlado de lo lindo de sus débiles intentos y los hubieran enviado huyendo en pos de refugio-como lo hicie­ron con los siete hijos de Esceva, Hechos 19.

 

Puede que pienses ... que no eres suficientemente maduro para resistir la interferencia demoniaca en tu vida. De alguna manera te imaginas que el ene­migo es más poderoso que tú. La verdad es que, en ti mismo no tienes en absoluto la habilidad de resistir a Satanás y a sus demonios, en Cristo la tienes.... Cuando encaras a los enemigos espirituales de tu alma, recuerda: tú + Jesús = mayoría. 

 

¿Disfrutan los cristianos hoy de la misma proclama de la autoridad y poder de Cristo en el reino espiritual como los discípulos originales? ¿Por qué? ¿Sí o no?  Debido a la muerte, resurrección y ascensión de Cristo y la venida del Espíritu Santo, hasta tenemos una ventaja respecto de los discípulos originales. Ellos estaban con Cristo [Marcos 3:14,15] pero nosotros estamos en Cristo [Efesios 1:10-13; 2:6-8]. Cristo dijo que todo aquel que cree en El haría lo que El hizo [Juan 14:12]. La autoridad y el poder de Cristo residen dentro de nosotros porque estamos en Cristo y él es en nosotros por Su Espíritu [Efesios 3:16,17]. 

 

Si gozamos de autoridad y poder en Cristo sobre Satanás, ¿por qué el reino de las tinieblas ejerce tal influencia negativa en el mundo y en las vidas de los cristianos?  El poder de Satanás reside en la mentira. El quiere que creamos que la guerra espiritual se pelea en un plano horizontal. Ambos reinos parecen muy poderosos y, henos aquí, metidos en el medio, como si fuéramos la soga que tiran dos grupos. Algunos días Dios parece ir ganando y, otros días, es el diablo el que parece ganar. Parece que nosotros no tenemos ni voz ni voto en lo tocante a quién gana la batalla. Eso es una mentira engañosa del enemigo. La autoridad espiritual no es una batalla horizontal; es una cadena vertical de man­do. Pero el diablo deja que pienses de otra manera.   

 

 Jesucristo tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra [Mateo 28:18]. El está en la cima. El ha dado SU autoridad y poder a Sus siervos para que la ejerzan en Su nombre [Lucas 10:17]. Nosotros esta­mos debajo de El. ¿Satanás y sus demonios, dónde están? Pues en el fondo, sujetos a la autoridad de Cristo, ésa con que El nos ha investido.... Satanás no es un poder igual a Dios sino un enemigo vencido.  Pero si puede engañarte para que creas que tiene más poder y autoridad que tú, ¡vivirás como si los tuviera!  Te ha sido dada la autoridad sobre el reino de las tinieblas pero si no lo crees y no la ejerces, es como si no la tuvieras.

 

DEMUESTRA AUTORIDAD Y PODER

 ¿Qué necesito para ejercer efectivamente la autoridad de Cristo sobre los poderes espirituales? ¿Puede cualquier cristiano hacerlo sin que importe su nivel de madurez espiritual? De ser así, ¿por qué no somos más consis­tentes para demostrar nuestra autoridad sobre el reino de Satanás?   

 

Identifiquemos cuatro calificaciones para demostrar la autori­dad y el poder de Cristo sobre los gobernantes del reino espiritual. 

 

 

1. Creencia

No vas a ejercer autoridad en el reino espiritual si no crees que la tienes. Si tu fe es débil, tu expresión de ella será también débil e inefectiva pero si tomas con confianza la autoridad que Cristo te confiere, la ejercerás con confianza... .Puedes considerarte como un policía bisoño que detiene el tránsito del diablo en tu vida. Pero Jesús es un veterano experto y tú estás en él. Construye tu fe en tu autoridad estudian­do en los Evangelios la manera en que Jesús operó contra los poderes de las tinieblas y, en las epístolas, estudia la manera en que se nos ordena hacerlo.

 

2. Humildad

Yo defino la humildad como la confianza apropia­damente depositada. Al ejercer nuestra autoridad, la humildad es depositar la confianza en Cristo, fuente de nuestra autoridad, en lugar de fiarnos en nosotros mismos. Jesús no se rehusó a ejercer Su autoridad pero mostró una tremenda humildad porque El hizo todo de acuerdo a lo que Su Padre le dijo que hiciera. El orgullo dice "yo resistí al diablo por mí mismo" La falsa humildad dice "Dios resistió al diablo; yo no hice nada". La verdadera humildad dice "yo resistí al diablo por la gracia de Dios".

 

3. Denuedo

En la víspera de asumir autoridad sobre la Tierra Prometida, Josué fue desafiado cuatro veces a que fuera fuerte y valiente [Josué 1:6,7,9,18]. Cuando la iglesia de los primeros tiempos oraba por su misión de compartir el Evangelio en Jerusalén, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu, y hablaban con denuedo la Pa­labra de Dios Hechos 4:3 1.

La osadía o el denuedo inspirado por el Espíritu Santo está tras todo progreso exitoso de la iglesia actual. Su opuesto es la cobardía, el miedo y la incredulidad. 

 

4. Dependencia

La autoridad de la cual hablamos aquí no es la autori­dad independiente. No nos lanzamos por cuenta e iniciativa propia, como si fuéramos alguna clase de cazadores de fantasmas evangélicos que salimos de cacería en pos del diablo y nos trabamos en combate con él. El llamamiento primordial de Dios para cada uno de nosotros es que nos dediquemos y concentre­mos en el ministerio del reino: amar, cuidar y atender con afecto, predicar, enseñar, orar, etcétera. Sin embargo, cuando los poderes demoníacos nos retan mientras realizamos este ministerio, los tratamos en base a nuestra autoridad en Cristo y nuestra dependencia de El.

 

¿De qué forma trata Satanás de desgastar esas cuatro cualidades en nuestras vidas?

¿Cómo podemos colaborar a que estas cualida­des se desarrollen más firmes en nuestras vidas?

 

LA ARMADURA ESPIRITUAL

Los cristianos tienen más problemas en sus vidas después de su conversión que antes. ¿Estás de acuerdo o no? ¿Por qué?  Son muy grandes las posibilidades de tener problemas en la vida cristiana, debido a que nos hicimos de un enemigo cuando nos volvimos hijos Dios, enemigo que antes no teníamos.  

 

En tus días A.C. (antes de Cristo) el dios de este mundo no se molestaba en prestarte atención porque eras parte de su reino. Su meta era mantenerte ahí cegándote a la provisión de Dios para tu salvación [2 Corintios 4:3,4]. Pero cuando naciste a la vida en Cristo, el diablo no metió su cola entre las piernas ni guardó sus colmillos sino que sigue dedicado a echar a perder tu vida mediante su engaño que tiende a "probar" que el cristianismo no funciona, que la Palabra de Dios no es verdad y que, en realidad, nada pasó cuando naciste de nuevo.

 

No tenemos que llevar una vida de proble­mas aunque Satanás se dedique a molestarnos en cada momento. Dios no sólo provee toda autoridad y poder en Cristo para someter y vencer a Satanás, sino que también provee toda la protección que necesitamos para detener sus ataques en el reino espiritual. No tenemos que temer sino que solamente debemos sacar ventaja de nuestra protección y ejercer nuestra autoridad en Cristo para mandar al diablo a freír monos o cerdos, por lo que vale. 

 

 Los demonios son como pequeños gérmenes invisi­bles que andan buscando a quién infectar. La Biblia no nos dice, jamás, que debemos temerles pues basta con que tengas conciencia de la realidad de estos seres y te consagres a llevar una vida recta y justa a pesar de ellos. En caso que te ataquen, trátalos inmediatamente y sigue tu vida. Recuerda: lo único grande, enorme, de un demonio es su boca. Los demonios son mentirosos habituales. Tú estás equi­pado en Jesucristo la Verdad con toda la autoridad y protección que necesites para tratar y manejar lo que te arrojen.

 

Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calza­dos los pies con el apresto del Evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ellos con toda perseverancia y súplica por todos los santos. Efesios 6:10-18. 

 

Pongamonos la armadura espiritual. 

 1. El cinturón de la verdad.  

Puesto que la mentira es el arma principal de Sata­nás, tu cinturón de verdad [que sostiene las otras piezas de la armadura en su lugar] es atacado conti­nuamente. Si Satanás puede anularte en el área de la verdad, te vuelves blanco fácil de sus otros ataques.

 

Permaneces firme en la verdad al relacionar todo lo que haces con la verdad de Dios. Si te viene un pensamiento a la mente que no armoniza con la verdad de Dios, deséchalo. Si se presenta una opor­tunidad para decir o hacer algo que comprometa o que se oponga a la verdad, evítala. Adopta una regla sencilla de conducta: si es la verdad, ahí estoy dis­puesto a lo que sea; si no es la verdad, no cuenten conmigo.

 

¿En cuáles aspectos solemos ser tentados a com­prometer la verdad con mayor frecuencia?

¿Cómo debemos responder a estas oportunida­des de comprometer la verdad? 

 

2. La coraza de justicia.

Cuando al ser salvado eres puesto en Cristo, eres justificado ante nuestro santo Dios. No es tu rectitud sino la de Cristo (1 Corintios 1:30; Filipenses 3:8,9).... Tu justicia en Cristo es tu protección con­tra las acusaciones de Satanás referidas a tu valor para el santo Dios. 

 

Aunque nos regocijemos en nuestra posición de justicia en Cristo, todos tenemos clara conciencia de nuestras obras de injusticia cuando pensamos, deci­mos, o hacemos algo aparte de Dios. Somos santos que ocasionalmente pecan. Permanecer firme en nuestra justicia presupone entender y aplicar el prin­cipio de la confesión.

El remedio de Dios para el pecado está expresado en: Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 1 Juan 1:9.

 

La confesión no es lo mismo que decir "lo lamento" o pedir perdón. Confesar (homologeo) significa reconocer o concordar.. ..Tú confiesas tu pecado cuando dices lo que Dios dice al respecto: "contemplé un pensamiento lujurioso y eso es pe­cado"; "esta mañana traté mal a mi esposa, y eso estuvo mal"; "el orgullo me llevó a postular a ese puesto en el directorio y el orgullo no debe tener cabida en mi vida". 

 ¿En qué formas somos tentados a dudar nuestra justicia y valor para Dios?

¿Cómo debemos responder a esas dudas? 

 

 3. Calzados... con el evangelio de la paz. 

Cuando recibes a Cristo te unes con el Príncipe de Paz. Tienes paz ahora mismo por la posición con Dios (Romanos 5:1) pero la paz de Cristo debe también mandar tu corazón y eso es posible sola­mente cuando dejas que la Palabra de Cristo habite ricamente en ti (Colosenses 3:15, 16). 

 

 El ir calzado con el evangelio de la paz es una protección contra las estratagemas divisorias del diablo cuando actúas como pacificador de los cre­yentes (Romanos 14:19). Los pacificadores reúnen a las personas fomentando la comunión y la recon­ciliación .... Preserva la unidad del Espíritu tomando la iniciativa de ser el pacificador en tus relaciones (Mateo 5:9; Efesios 4:3). 

 

 ¿En qué forma trata Satanás de perturbar la paz de nuestra posición con Dios?

¿En qué forma trata el diablo de perturbar la paz de nuestras relaciones con otros creyentes?

¿Cómo debemos responder a esas perturbacio­nes? 

 

 Debemos afirmar continuamente los ele­mentos de protección espiritual frente a las mentiras de \Satanás que nos dicen que somos indignos, que estamos desprotegidos y que nada valemos. Los elementos de protección son la verdad, la justicia y la paz en Cristo de los que fuimos investidos en la salvación. 

 

 4. El escudo de la fe. 

La fe bíblica es sencillamente lo que crees de Dios y Su Palabra. Mientras más sepas de Dios y Su Palabra, más fe tendrás. Mientras menos sabes, me­nor es tu escudo y más fácil para que uno de los fieros dardos de Satanás llegue a su destino. Si quieres que tu escudo de la fe se agrande y proteja más, debes acrecentar tu conocimiento de Dios y de Su Palabra (Romanos 10:17).... Cuando un pensamiento enga­ñoso, una acusación o una tentación entran a tu mente, sal a su encuentro en forma directa con lo que sabes es cierto sobre Dios y Su Palabra.

¿En qué forma estás alentando a que tu escudo de la fe crezca a diario; o p  or semana?

¿Cuáles son las personas y las actividades que han sido muy útiles para ayudar a que crezca tu fe? 

 

 5. El yelmo de la salvación. 

En caso que el escudo de la fe deje pasar algo y tu triunfo diario sea elusivo, ten confianza que el yelmo de la salvación te garantiza la victoria eterna. Dentro del contexto metafórico de la armadura, este yelmo te asegura, también, la protección de la parte más crítica de tu anatomía: la cabeza, la mente, donde se pierden o ganan las batallas espirituales. Mientras luchas a diario contra el mundo, la carne y el diablo, afírmate en saber que tu salvación no va y viene de acuerdo a tus éxitos y fracasos en la batalla espiritual; tu salvación es eternamente tuya. Eres hijo de Dios y nada puede separarte del amor de Cristo (Romanos 8:35).... Satanás puede turbar tu victoria diaria pero nada puede hacer para modificar tu posición en Cristo. 

 

¿Has tenido alguna vez un día malo y haz empe­zado a dudar de tu salvación debido a eso mismo? Da ajemplos.

¿Cómo debemos responder a esas dudas? Dudar de nuestra salvación es una estrategia primor­dial de Satanás para evitar que disfrutemos y ejerzamos nuestra libertad en Cristo. 

 

 6. La espada del Espíritu

La Palabra de Dios es la única arma ofensiva que menciona la lista de la armadura. Dado que Pablo usó rhema en lugar de logos para decir "palabra" en el pasaje de Efesios 6:17, creo que se refiere a la Palabra de Dios hablada en lugar de la Palabra de Dios personificada en Jesús. Tenemos que de­fendernos contra el diablo hablando (diciendo) en voz alta la verdad de Dios.... Satanás puede tratar de influirte plantando pensamientos en tu cabeza, pero no puede leer tus pensamientos. Si vas a resistir a Satanás debes hacerlo externamente de modo que pueda oírte, entenderte y ser puesto en fuga ... La buena noticia es que la mayoría de los ataques ocurren en la noche o cuando estás solo, de modo que resistir a Satanás en voz alta rara vez te obligará a tener que dar explicaciones a terceros de haber mandado a Satanás a que se vaya. Sin embargo, habrá momentos en que necesitarás asumir una pos­tura en público contra el enemigo, lo cual puede abarcar que confieses con tu boca que Jesús es el Señor (Romanos 10:9). 

 

 ¿Cómo debemos equiparnos para usar la espada del Espíritu?

 

ORACION

 Hay otra arma esencial en nuestro arsenal para la guerra espiritual: la oración, además de la arma­dura de seis piezas que nos da Dios para protegernos.  "¿Qué es la oración?".  Orar es hablar con Dios. 

 

1.       Ora pidiendo vista espiritual.  

“Pero si nuestro Evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios" (2 Corintios 4:3-4).  Ora para que los ojos de vuestro corazón sean "alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza" (Efesios 1:18-19).

 

Los incrédulos están cegados por Satanás; viven en tinieblas espirituales.  La gente no puede ir a Cristo a menos que sus ojos espirituales les sean abiertos.... La oración es un arma principalísima para combatir la ceguera es­piritual.... Nuestra estrategia evangelizadora debe abarcar que oremos con autoridad pidiendo que la luz de Dios penetre la ceguera satánica.

 

Nuestra visión es, a veces, nublada por los ataques de Satanás, aun en nosotros, los cristianos.  En la medida que Satanás pueda mantenernos a oscuras sobre nuestra posición y autoridad en Cristo, nos mantendrá estancados en cuanto a nuestro cre­cimiento e inefectivos en cuanto a nuestro testimo­nio y ministerio. Debemos orar unos por otros con­tinuamente pidiendo que la cortina de humo consti­tuida por las mentiras del diablo sea esfumada y que lo que vemos del reino espiritual sea claro como el cristal. 

 

La oración por nosotros mismos y las demás personas es la manera de mantener aguda y clara nuestra visión del reino espiritual. 

 

 2.       Ata al hombre fuerte.  

Mateo 12:29. “Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata ? Y entonces podrá saquear su casa.”

 

La oración es el arma que nos da nuestro Dios para atar a Satanás a fin que puedan ser liberados aquellos que tiene agarrados.  El poder de Satanás ya ha sido quebrado pero no dejará ir nada que piense que puede retener hasta que nosotros ejerzamos la autoridad delegada a noso­tros por el Señor Jesucristo.... Por fe tomamos la propiedad que pertenece en justicia a Dios y que está en las garras de Satanás, y la aferramos hasta que Satanás la suelte. El va a mantener agarrados a esas personas hasta que le exijamos que las suelte basa­dos en nuestra autoridad en Cristo. En cuanto Sata­nás es atado mediante la oración, él debe soltarlas.

 

Carlos Rivera (Sacerdote)


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