Resiste la Tentación y La Acusación

 

"No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar" (1 Corintios 10:13). 

 

Debemos resistir al diablo y ordenarle que se vaya si queremos vencer la tentación, la acusación y el pecado.

 

* ¿Cuáles son las dos estrategias que usó Satanás para tratar de neutralizar el crecimiento y libertad en Cristo del contribuyente? El golpe uno-dos más efectivo del diablo es tentarnos a hacer el mal y, luego, acusarnos por lo que hicimos. 

 

 *¿Cuáles son los ejemplos que se te ocurren, to­mados de tu propia experiencia, cuando tú has sido el blanco del uno-dos de Satanás reflejado en la tenta­ción y la acusación? 

 

 PASO 1-CONCEPTO DE TENTACIÓN 

"No os ha sobrevenido ninguna tenta­ción que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar" (1 Corintios 10:13). 

 

"La esencia de la tentación es la incitación a satisfacer legítimas necesidades humanas mediante los recursos del mundo, la carne y el diablo en lugar de Cristo [Filipenses 4:191. Cada tentación es una invitación para vivir independientemente de Dios". 

 

 Satanás tienta al cristiano a que viva independientemente de Dios sin incitarlo a cometer pecados odiosos y obvios como robar, matar, violar. Satanás sabe que reconoceríamos esos evidentes males y rehusaríamos a cumplir sus sugeren­cias. El diablo nos tienta a exagerar algo bueno y acepta­ble más allá de los límites de la voluntad de Dios hasta que se vuelve pecado.

 

Todas las cosas me son lícitas, mas no toda convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna 1 Corintios 6:12.

 

Una de las claves para resistir la tentación es reconocer la estrategia usada por Satanás para tentar­nos a sobrepasar el límite con actitudes y conductas que son intrínsecamente buenas y justas.

 

PASO 2-RESISTE LA TENTACION 

"No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siem­pre "1 Juan 2:15-17. 

 

Este pasaje identifica tres canales de ten­tación mediante los cuales Satanás nos incita a actuar en forma independiente de Dios:  

 

La lujuria de la carne, la lujuria de los ojos y el orgullo de la vida. 

 

Adán y Cristo fueron tentados mediante esos mismos tres canales. Adán falló misera­blemente [Génesis 3:1-6] y seguimos sufriendo los resul­tados de su fracaso pero Jesucristo triunfó por completo al resistir la tentación de Satanás [Mateo 4:1-11] y en Cristo tenemos los recursos y el poder para resistir cada tentación que Satanás nos arroje. 

 

1.      La lujuria de la carne: presos de nuestros apetitos físicos y sus gratificaciones en este mundo. 

 

Satanás apeló al apetito físico de Adán y Eva al tentarlos a comer el fruto prohibido del jardín, y ellos sucumbieron en su momento a la tentación. Satanás apeló al apetito físico de Jesús durante Sus cuarenta días en el desierto, tentándolo a convertir las piedras en pan para satisfacer el hambre de Su prolongado ayuno, pero El rehusó hacerlo diciendo que El no actuaría en forma independiente de la voluntad del Padre aceptando la oferta de Satanás .  

 

Cuando el diablo te tienta mediante el canal de la lujuria de la carne, te invita a que satisfagas tus necesi­dades físicas en formas que traspasan los límites de la voluntad de Dios. Comer es necesario y bueno pero es malo comer demasiado, comer los alimentos inadecua­dos y dejar que la comida controle tu vida. El sexo es hermoso y bueno tal como Dios manda que sea pero las relaciones sexuales extraconyugales, la homosexuali­dad y la masturbación o sexo egoísta están fuera de esos límites y terminan por esclavizar. Cada vez que te sientes incitado a satisfacer una legítima necesidad física actuando en forma independiente de Dios, estás siendo tentado por medio de la lujuria de la carne. 

 

Cada vez que te resistes a las tentaciones de la lujuria de la carne, declaras que dependes de Dios para satis­facer tus necesidades naturales. De esta manera perma­neces "en la vid verdadera" recurriendo a los recursos que Jesús refiere en Juan 15:5. Pero cuando cedes a la tentación en este aspecto, tu feracidad como cristiano se ve resentida pues aparte de Cristo nada puedes hacer. 

 

* ¿Cuáles son algunas de las maneras más corrien­tes en que los cristianos somos tentados a "demasiado o poquísimo de lo bueno" en lo tocante a nuestros apetitos físicos? Por ejemplo: Las exagera­ciones de nuestros apetitos normales de comida, sexo, comodidad, diversión, etcétera. 

 

2.     La lujuria de los ojos: apela al interés propio egoísta y prueba a Dios y Su Palabra.

Cuando Satanás dijo a Adán y Eva "Ciertamente no moriréis" [Génesis 3:4], apeló a sus sentidos normales de conservación haciéndo­los pensar que Dios estaba equivocado con respecto a las consecuencias del pecado. Ellos ignoraron la orden de Dios y optaron por lo que les pareció que servía mejor a sus propios intereses. Satanás tentó a Jesús mediante el mismo canal cuando lo desafió a demostrar Su deidad saltando de la parte más alta del templo. Pero Jesús nada necesitaba demostrar a Satanás pues Jesús estaba seguro de Su relación con el Padre y Su conocimiento de la Palabra de Dios.

 

La lujuria de los ojos nos aleja sutilmente de la Palabra de Dios corroyendo nuestra confianza en Dios. Vemos lo que nos ofrece el mundo y lo deseamos por encima de nuestra relación con Dios. Empezamos a creer más nuestra propia perspectiva de la vida que los mandamientos y promesas de Dios. Impelidos por la lujuria de lo que vemos, agarramos todo lo que podemos obtener creyendo que lo necesitamos y nos engañamos creyendo que Dios quiere que lo tengamos. Suponemos erróneamente que Dios no nos restringe nada bueno y lujuriosamente reclamamos la prosperidad.

 

¿Cuáles son algunas formas corrientes en que somos tentados a confiar en nuestra propia inteligen­cia e instintos que en la Palabra de Dios? 

 

 

3.         El orgullo de la vida: destaca la exaltación y pro­moción del sí mismo.  

 

Satanás tentó a Adán y Eva median­te este canal cuando se jactó que al comer el fruto prohi­bido se iban a abrir sus ojos y serían hechos como Dios. En realidad la desobediencia de ellos les hizo perder la posición de autoridad que Dios ya les había otorgado, en lugar de hacerlos como Dios, y el diablo se hizo, por carencia, el dios de este mundo[ 1 Juan 5:19]. Satanás usó el mismo enfoque con Jesús prometiéndole todos los reinos del mundo a cambio de que El le adorara. Jesús echó a Satanás declarando que la adoración pertenece exclusivamente a Dios [Mateo 4:10].  

 

El tercer canal de tentación es la tentación de dirigir nuestro propio destino, de controlar nuestro propio mundo, de ser nuestro propio dios y está en el corazón del movimiento de la Nueva Era.... La tentación del orgullo de vivir está diseñada para impedir que adore­mos a Dios y, así, destruir nuestra obediencia a Dios, urgiéndonos a que nos encarguemos de nuestra propia vida. Cada vez que sientas, o te parezca que no necesitas la ayuda o la dirección de Dios, que tú puedes manejar tu vida sin consultarle, que no tienes por qué arrodillarte ante nadie, ¡cuidado! eso es orgullo de vivir. Puedes pensar que te sirves a ti mismo pero cada vez dejas de adorar y servir a Dios, en realidad sirves y adoras a Satanás, que es lo que él quiere más que nada. En lugar de eso, tu vida debe caracterizarse por tu humilde disposición a adorar y obedecer a Dios constante y continuamente [1 Pedro 5:5-11; Juan 15:8-10]. 

 

 

¿En qué formas específicas somos tentados a dirigir a "deidades " menores nuestra adoración y dependencia de Dios? posición, patri­monio, fortuna, intelecto y razón, sentimientos, etcétera.  En estos canales de tentación hay tres aspectos en juego que son sumamente críticos. Primero, la lujuria de la carne desafía la voluntad de Dios en nuestra vida tentándonos a abandonar nuestra de­pendencia de Dios. Segundo, la lujuria de los ojos desafía la Palabra de Dios en nuestra vida tentándonos a abandonar nuestra confianza en Dios. Tercero, el orgullo de vivir desafía la adoración de Dios en nuestra vida tentándonos a abandonar nuestra obediencia a Dios. Toda tentación que te plantea Satanás, desafía uno o más de esos valores. El diablo te observa para saber cuáles son tus aspectos más vulnerables y te tienta en cualquiera que dejes sin guardar.

 

El pasaje de 1 Corintios 10:13 nos promete que Dios nos ayuda a escapar de la tentación, pero ¿dónde está la salida ¿Cómo se espera que responda­mos a un pensamiento que nos tienta en alguno de esos tres canales?  Veamos: 

 

1. Cautiva [2 Corintios 10:5] 

 

Toda tentación es primeramente un pensamiento in­troducido a tu mente por tu propia carnalidad o por el mismo tentador. Si te pones a rumiar ese pensamiento, considerándolo una opción, vas a terminar por actuar en base a este: eso es pecado. Pablo nos instruye que cautivemos cada pensamiento a la obediencia de Cristo [2 Corintios 10:5]. El primer paso para escapar de la tentación es aprehender cada pensamiento tan pronto como entra por la puerta de tu mente. 

 

2. Evalúa [Filipenses 4:8] 

 

Una vez hayas detenido un pensamiento que penetra en tu mente, debes evaluarlo en base al criterio de ocho puntos que usa Pablo para lo que debemos pensar: Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad (Filipenses 4:8).

Pregúntate "¿Se alinea con la verdad de Dios este pensamiento; sugiere que haga algo honorable; justo; puro. Si lo pongo en práctica, y resulta algo amable que contribuya a la excelencia en mi vida; este acto será aprobado por otros creyentes; es algo por lo cual puedo alabar a Dios?" Si la respuesta es "no" a alguna de estas preguntas, desecha ese pensamiento en forma inmedia­ta. No tengas más nada que ver con eso. Si sigue apareciendo en tu mente, sigue diciendo que no. Cuan­do aprendas a responder a los pensamientos tentadores deteniéndolos en la puerta de tu mente, evaluándolos en base a la Palabra de Dios y desechando aquellos que no pasan la prueba, habrás hallado la vía de escape que promete la Palabra de Dios. 

 

 

3. Confiesa [1 Juan 1:9] 

 

Si fallamos en cautivar, evaluar y desechar un pen­samiento tentador antes que se traduzca en conducta pecadora, debemos confesarlo a Dios y recibir Su per­dón. Al confesar, nos ponemos de acuerdo con Dios que la conducta fue mala y elegimos dejarla atrás. 

 

 

 4. Resiste [Santiago 4:7] 

 

Las personas atrapadas en el ciclo de pecado-confe­sión-pecado-confesión, empiezan, en su momento, a perder las esperanzas de triunfar en realidad sobre el pecado. La fuerza de voluntad no parece servir para impedirles repetir el pecado que acaban de confesar y Satanás se encarga de condenar. El dominio propio parece ilusorio y la vida cristiana es un interminable sube y baja... .Estamos en lo correcto al confesar nuestro pecado pero fallamos en seguir la fórmula bíblica que rompe ese ciclo: pecado-confesión-resistir. Debemos resistir a Satanás mandándole irse si deseamos triunfar sobre el pecado. 

 

 

 PASO 3-RESISTE LA ACUSACIÓN 

 

 Necesitamos tener una vía de escape de las acusaciones del diablo al igual que de las tentaciones. "Pongamos al acusador en su lugar. 

 

Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Sata­nás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? Y Josué estaba vesti­do de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie. Y el ángel de Jehová amonestó a Josué, diciendo: Así dice Jehová de los ejércitos; Si anduvieres por mis caminos, y si guar­dares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre éstos que aquí están te daré lugar Zacarías 3:1-7. 

 

No deben sufrir cuando Satanás los acusa. Veamos: 

 

 1.     El Señor reprende a Satanás [Zacarías 3:1-3J. 

 

Dios es el Juez, Satanás es el fiscal, Jesús es el abogado de la defensa y Josué es el acusado, un sumo sacerdote que representa a todo el pueblo de Dios en la corte celestial. Las vestiduras inmundas de Josué representan nuestros pecados. Satanás acusa a Josué delante de Dios pero El reprende al diablo diciendo que él ha rescatado a Josué del juicio en forma similar al tizón rescatado de la hoguera.  

 

Nosotros también podemos por la autoridad de Cristo reprender a Satanás el acusador.  

 

Esta escena del tribunal celestial continúa día y noche sin cesar para cada hijo e hija de Dios. Satanás persiste en señalar nuestras faltas y debilidades a Dios exigiendo que El nos castigue por ser menos que perfectos.... Sus emisarios también nos acusan en forma personal bom­bardeando nuestra mente con pensamientos falsos de indignidad e injusticia, de no valer a ojos de Dios: "¿Cómo puedes hacer eso siendo cristiano; en realidad, no eres hijo de Dios". Pero Satanás no es tu juez sino tu mero acusador. De todos modos, si lo escuchas y le crees, empiezas a vivir estas acusaciones como si fueran la sentencia que debes cumplir. 

 

Cuando Satanás te ataque acusándote de ser indigno, de no valer, etcétera, no le hagas caso. Responde: "Satanás, he puesto mi confianza en Cristo y soy hijo de Dios en él. Tal como Josué el sumo sacerdote, he sido rescatado por Dios de la hoguera del juicio y El me ha declarado justo. Tú no puedes emitir veredictos ni pronunciar sentencia, todo lo que puedes hacer es acu­sarme y yo no te creo". 

 

* ¿Cuáles son algunas acusaciones específicas que Satanás usa para distraer y desviar a los creyentes de hoy?  Acusa­ciones como "no eres bastante espiritual para andar dando testimonio a los que no creen; Dios no puede amarte ni responder tus oraciones por lo que hiciste; tus pecados fueron demasiado graves para que Dios los haya perdo­nado por completo. Nunca será aceptable para El". 

 

 ¿Por qué a veces nos cuesta tanto ignorar estas acusaciones? A menudo estamos demasiado conscien­tes de la realidad de nuestros pecados y fallas y ya nos hemos condenado. El manejo de las acusaciones de Satanás significa que debemos resolver la manera en que enfoquemos nuestros pecados anteriores que han sido perdonados.

 Nuestra primera respuesta a las acusacio­nes de Satanás es la de reprenderlo en el nombre de Cristo y decirle que sus acusaciones carecen de toda base. 

 

 

2.     El Señor nos quita nuestras ropas inmundas [Zaca­rías 3:4,5].  

 

El Señor quitó las vestiduras inmundas de Josué y lo vistió con ropa y turbante limpios. Esto signi­fica que Dios nos saca nuestro ropaje inmundo de injus­ticia y nos viste con la ropa limpia de Su justicia. Las acusaciones del diablo carecen de base porque Dios ha resuelto el problema del pecado nuestro. Fíjense que el cambio de ropa es algo que Dios hace, no algo que nosotros hacemos. Nosotros carecemos de cualquier ro­paje de justicia que ponernos para satisfacer a Dios. El debe cambiarnos en respuesta a nuestro sometimiento a El en fe. 

 

 La segunda respuesta a las acusaciones de Satanás es proclamar la justicia de Dios provista para nosotros por fe mediante la muerte y la resurrección de Cristo. 

 

 

3.     El Señor nos amonesta a responder [Zacarías 3:6,7].  

 

A la luz de la posición correcta de Josué con él, Dios llama al exonerado sumo sacerdote a una vida de obediencia y servicio. Esta respuesta no es una tarea que Josué deba realizar para ganarse la aceptación de Dios o asegurarse la derrota del diablo sino que estas cosas ya están establecidas y arregladas. 

 

Estas amonestaciones... tienen que ver con tu victoria diaria. Al llamarnos a caminar en Sus caminos y de­sempeñar Su servicio, el Señor simplemente nos llama a que vivamos nuestra identidad en Cristo mediante nuestras expresiones prácticas de obediencia. Esto sig­nifica vivir por fe en lugar de vivir por miedo. Significa crucificar la carne diariamente y caminar de acuerdo al Espíritu Santo. Significa considerarnos muertos al pe­cado y vivos para Dios sin permitir que el pecado reine en nuestros cuerpos mortales. Significa cautivar cada pensamiento a la obediencia de Cristo y ser transforma­dos por la renovación de nuestras mentes. 

 

 

Por qué es difícil aceptar la justicia de Dios en Cristo y, por eso, luchar tratando de ganarnos el amor y aceptación de Dios cuando ya los tenemos? Los puntos referidos a la aceptación de Dios y la derrota de Satanás ya están resueltos y que nuestra obe­diencia y servicio a Dios debe ser una respuesta de amor, no para tratar de hacer por nosotros lo que Cristo ya hizo por nosotros.

 

 

PASO 4-ACUSACION versus CONDENACIÓN  

 

Cual es la diferencia de las acusaciones del diablo con la condenación  de parte del Espiritu Santo?  II Corintios 7:9-10 dice:  Ahora me gozo, no porque hayais sido contristados, sino porque fuiste contristados para arrepentimiento; porque habeis sido contristados según Dios, para que ninguna perdida padecieseis por nuestra parte. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.

 

La manera de diferenciar entre acusación del diablo y condenación de Dios es determinar si con­duce a la muerte o al arrepentimiento y vida. "¿Cómo saber qué clase de pena siento?".  Cuando nuestros remordimientos nos tiran al suelo y nos alejan de Dios, estamos siendo acusados por Satanás y debemos resistir. Pero cuando nuestra pena nos lleva a confrontar a Cristo y confesar nuestro pecado, estamos siendo condenados por el Espíritu Santo de Dios y debemos rendirnos mediante el arrepentimiento.

 

Carlos Rivera (Sacerdote)


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